¿Dirección vs. acompañamiento?

En estos tiempos intempestivos y complejos sobremanera, dejando atrás ciertos modelos religiosos y/o espirituales ya obsoletos (tanto de una espiritualidad dualista como de una religiosidad individualista), es necesario replantearse la más genuina misión del verdadero acompañamiento espiritual. A partir del fenómeno denominado retorno de lo sagrado, manifestado en lo que va de este s. XXI, surgen cuatro claves para el acompañamiento. 

  • Primero, el pasaje de espiritualidades diversas a seguir a la Ruah (Espíritu) como norte. La Ruah es la brújula de todas las posibles manifestaciones del Misterio de Dios. Si persiste un resurgir de la espiritualidad hoy, con el impulso de la Ruah, entonces se trata de hombres y mujeres de la Espíritu que se comprometen en la historia y en pos de renovar el rostro de la tierra y principalmente de quienes habitamos en ella. Sucintamente, se trata de dejarnos guiar por la Rúah como actitud vital reconociendo sus principales acciones típicas (cf. Jn 3, 8). 
  • Segundo, pasar del director espiritual al acompañante espiritual. Dejando atrás el perfil de director espiritual que está referenciado más al poder eclesiástico y que muy probablemente no responde a nuestra sensibilidad contemporánea, va tomando forma la figura de compañero/a. Éste está más relacionado a la densidad eclesial o presencia simbólica. Además, enfatiza más la relación horizontal/simétrica entre quienes se descubren caminantes y compañeros de camino. Básicamente, caminamos en caravana y acompañados (cf. Lc 24, 15-16).
  • Tercero, el pasaje de la dirección espiritual al acompañamiento psico-histórico-espiritual. Concretamente, el acompañamiento trata de evitar dos peligros. Por un lado, el colectivismo espiritual, ya que partimos que cada persona es irremplazable y, por otro lado, el individualismo que suele corroer el sentido eclesial y solidario. La espiritualidad que subyace de este modelo de acompañamiento, trascendiendo los moldes eclesiológicos tradicionales, tiene como centro al mismo Reino. Éste se comprende como proyecto histórico del Dios Padre–Madre para con la humanidad, que contempla la justicia, la paz, la equidad, la ecología. Brevemente, la principal preocupación es hacer existir a la persona (cf.  Gal 4, 19).
  • Cuarto, la destreza para de–construir la propia imagen de Dios. Es necesario animarnos a dejar recetas religiosas y romper ciertos moldes en vistas a cristalizar nuestra experiencia del Misterio manifestado en la misma persona de Jesús y que se cristaliza en una imágen. Concisamente, se trata de colaborar con toda nuestra humanidad para que pueda emerger el mismo Reino que está y habita dentro de cada persona (cf. Lc 17, 21).

Esta es la visión cristiana y holística acerca del acompañamiento psico-histórico-espiritual vivido de manera armónica que compartimos como equipo Fénix y que intentamos impartir en cada uno de nuestros entrenamientos. ¿Te animás a embarcarte en esta caravana?

 

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